Dos millones de euros, que pagarán los barceloneses en plena crisis, es una cantidad más que excesiva para realizar la consulta trampa organizada por el alcalde Hereu sobre la reforma de la Diagonal. Esta consulta sólo permite a los ciudadanos optar por dos opciones: A, un bulevar y B, una rambla. En ambos casos el tranvía atraviesa la Diagonal y conlleva a un estrangulamiento del tráfico privado con el consiguiente colapso del Eixample. La opción C supone no aceptar ni A ni B y que todo siga como está. Por lo tanto, Hereu somete a consulta de los barceloneses que la Diagonal con tranvía por la superficie sí o sí. Es decir, si quieres Diagonal, toma tranvía. Dos millones de euros del presupuesto público del Ayuntamiento para una consulta, en la que cada día que pasa los barceloneses parecen decantarse por la opción C, la de la confusión y que no ofrece alternativas a las dos impuestas por el equipo de Hereu. Aunque gane esta opción, el Ayuntamiento debería acometer reformas en esta vía y elaborar un plan que garantice la vida de los más de 1.200 árboles de la Diagonal. Hereu ha buscado ahora una nueva excusa para defender su reforma, bajo el pretexto de que el 55% del arbolado está en mal estado y con perspectiva de morir en un plazo de quince años. Esta argumentación no es más que las vergüenzas de una mala gestión al no haber promovido en planes para mantener sanos los árboles de la Diagonal y las zonas verdes de la avenida.
Existen demasiadas incógnitas sin resolver alrededor de la transformación de la Diagonal que impulsa Hereu. Prueba de ello es la falta de interés que muestran los barceloneses en la carpa informativa que el Ayuntamiento ha instalado en los jardinets de Gràcia. La he visitado en días festivos, en jornada laboral y en ningún momento he visto una afluencia importante en su interior, bien al contrario he observado prácticamente vacía la carpa. Un ejemplo más de mala utilización de recursos públicos. No se somete a consideración de los barceloneses otras opciones alternativas como la conexión por tranvía del Besòs y el Baix Llobregat a través de otras vías que no sean la Diagonal. Tampoco se aclara cómo se va a garantizar el tráfico privado ni si se va a suprimir el velódromo de ciclistas incívicos que en estos momentos es el carril bici. Qué va a pasar con las motos que ahora están en las aceras tampoco tiene respuesta. Estamos, por lo tanto, ante una consulta trampa que plantea Hereu a los barceloneses como una operación de imagen del propio alcalde, pero con un coste millonario que pagamos todos los barceloneses. Se trata de un abecedario convertido en jeroglífico imposible de resolver.
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